
Paseando por nuestro Oviedo llegué al llamado Campus del Milán. En la zona del Pumarín ovetense lo que antes fue cuartel del Milán y más antiguamente convento y monasterio me encontré con una escultura por mi no recordada: la obra de Eduardo Úrculo dedicada al profesor y académico Emilio Alarcos, el del estructuralismo gramatical y el estudioso de la fonética española y figura en todos estos terrenos y al que conocí como alumno en la Facultad de Filosofía allá por los años sesenta. La impresión que me produjo fue muy grata: la combinación de libros apilados culminados por el sombrero da al conjunto una expresión de unión del libro con la vida como si ambas cosas fueran partes de un mismo cuerpo: el hombre, el humanista... quizá en la persona del profesor Alarcos. Así entendí e interpreté la composición. El título LOS LIBROS QUE NOS UNEN es sugeridor de algo cierto: cuántos nos juntamos alrededor un libro, al comentarlo, criticarlo o discutirlo. Los libros nos socializan desde la escuela hasta la universidad y luego a lo largo de nuestras vidas. La hermosa escultura la mejoraría en cuanto a su ubicación: la colocaría más alta, no en la acera y sí a la altura del propio parque frente a las facultades o en el centro del propio campo universitario. Fue un gusto y un buen recuerdo el descubrirla.
5 comentarios:
La escultura es muy buena. Lo que creo es que está mal aprovechada. El lugar la hace pasar desapercibida. Y es una pena. Habrá que decírselo al alcalde de la ciudad.
Marcelino, tu sensibilidad, cultura e inteligencia merecen ser disfrutadas por más personas. espero que te guste el post en el que te menciono como inspirador. A ver sí gracias a esto más gente puede llegar a conocerte. Seguro que sí. Gracias por tus post.
Un abrazo, "ciber - amigo"
¡No recordaba esta escultura! Tal vez me pasó desapercibida hasta ahora, pero es ciertamente bonita y simbólica.
Respecto a los libros estamos de acuerdo, son unos gratos compañeros de viaje.
Un gran hombre don Emilio
Las esculturas de Úrculo son de lo mejor que en materia artístico-callejera hay en esta ciudad tan dada a los crominos y a las horteradas. Y coincido con los comentaristas anteriores en que está esquinada y perdida en un lugar en que casi nadie repara en ella. Qué pena.
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