martes, 23 de marzo de 2010

VIAJE A LA BIODIVER...

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El mes de marzo he tenido suerte. Me he desplazado al Sur, Andalucía y he tenido la suerte de establecerme en un lugar pecaminoso o al menos fuera de la ley: Matalascañas. Urbanización de la época de los sesenta y setenta que al parecer fue construída de forma no muy legal puesto que está en el centro del lado base de un triángulo denominado Coto de Doñana cuyos vértices son Sevilla, Huelva y Cádiz.Es una reserva natural que sólo ha sido rota por la urbanización matalascañera y como decía una persona nativa robada a los andaluces por ciertos cargos políticos y económico-turísticos del desarrollismo. Así hoy en pleno mes de marzo, víspera del equinoccio de primavera, asistimos a un oasis prácticamente desierto, chalets blanqueados por la cal en su mayoría que permanecen cerrados tras sus patios, muros y rejas a la espera de las vacaciones o puentes más primaverales o veraniegos. Pero sólo el movimiento de autobuses de los seniors, con sus idas y venidas imsersas, animan la tranquilidad verde aceitosa de los bosques de pinos, encinas, de las marismas, de las dunas recubiertas de pinos y sotobosque y del aire que silva sus melodías ora por la mañana ora al crepúsculo de la tarde. El traqueteo del todoterreno nos obliga a sujetarnos pues no tanto los baches como las ondulaciones al internarnos en el interior del Coto hace un balaceo que produce cierta inestabilidad a la que no estamos acostumbrados en los medios habituales de transporte. Lo primero que me impresiona es la paz, la tranquila soledad de tanto tallo uno al lado de otro-y en todas direcciones- y su desnudez nos lleva a esas copas, allá arriba, que a modo de gigante aceituna verde corona los pinos. El invierno ha sido muy lluvioso, como sólo recuerdan algunos abuelos, pocos, y las marismas están verdes y casi todas inundadas. En la superficie del agua aves y ánades de todo tipo que el guía se esfuerza en enumerar y dar detalles vitales y curiosos. Y nos incita a preguntar y el diálogo, pese al balanceo, se hace interesante e incluso divertido. La biodiversidad del coto hace honor a su nombre: matorral y sabina, dunas de arena y marismas. Cuando llegamos al Acebuche desde Matalascañas, el guía nos da datos estadísticos: mas de 50. 000 hectáreas, se crea el Coto en el año 69 y se reclasifica en el 1978 y es declarado Patrimonio Mundial de la Unesco en 1994. Nos explica que cuando llega el invierno, cientos de aves, acuden en migración a las aguas de Doñana, en busca de mejores temperaturas, gansos, cercetas, patos, anades, porrones, gaviotas, garza, espatula fumarel, cigueña, avoceta calamon, focha, anade, etc.... Además de ciervos, gamos, perdices, conejos, y por supuesto la estrella del parque el Lince Iberico. Todos queremos fotografiar al lince pero no tenemos suerte:se conservan pocos ejemplares, y siendo un ánimal en peligro de extinción, por culpa del hombre en primero lugar, pero también por culpa del propio animal que no se ayuda mucho, pues al ser un animal muy curioso, cuando ve un coche, se queda parado. De ahí el alto número de bajas por atropellos, al igual que el gran número de individuos que han muerto ahogados en los pozos del parque al haberse enfrentado a su propio reflejo en el agua y haberse precipitado al fondo. Actualmente todos los pozos están enrejados. Lo cierto es que cuando regresamos –después de cuatro horas- la sensación era diversa pero biológicamente excelente y aunque con cierta insatisfacción puesto que el no haber contemplado el lince nos produjo cierta desilusión. Pero la impresión es de satisfacción y el pensamiento que persiste es el de volver con más tiempo y con más calma. ESTOS VIDEOS ESTÁN GRABADOS DE LAS CÁMARAS DEL PROPIO COTO. Gracias a la colaboración de Siesp, el mejor bloguero con el mejor blog, Misterios al descubierto.
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