miércoles, 26 de octubre de 2011

REGUENGOS DE MONSARAZ



Reguengos y Monsaraz.

Tierras de Extremadura. Aquí no hay playa, ni hoteles acribillando la costa, ni polígonos industriales, ni contaminación o smog. Sólo aire puro, cielo azul atravesado y moldeado por blancas nubes, grises cuando van a desalojar su carga de agua pero llanuras con hierba curada, con viñedos ya libres de sus racimos y con las hojas en vías de marchitarse pero conservando sus verdes tornasolados a marrones y amarillos. Dehesas con animales no hacinados, libres con cientos y miles de hectáreas a su alrededor, con las sombras de los algarrobos, de las encinas, de los olivos o de los viñedos próximos y los muros de piedra ancestral, y las cabañas sencillas y prácticas del pastor que cuida del cerdo ibérico, de la vaca o del toro o de la oveja que nos transmite su auténtico sabor al queso de torta como la vid que se sienta con nosotros decantándose en la mesa y en la copa como premio y felicidad gastronómica…
Desde lo alto de un castillo maravilla, del pueblo de paredes blancas con terrazas inverosímiles que nos enseñan hectáreas de todo, con el Guadiana hecho embalse natural ancho y largo y largo y ancho donde solo la carretera de Extremadura o del Alentejo se interpone como elemento articial solo. Paraísos perdidos, en los que sólo la historia emerge, pero la historia de los hombres que trabajaron y trabajan la tierra en silencio, laborando su presente, como ayer y como hoy y afortunadamente como mañana… Qué lejos están las agencias de viajes de invitarnos a estos placeres del campo, del campo de verdad y no de la arena superpoblada, o del refresco repetitivo…los olores son otros, las puestas de sol son infinitas, lentas como el tiempo, serenas como la vida misma…Uno se convierte en hombre frente a todo esto y deja de ser masa, el individuo frente al mundo, la tierra, la historia y frente a sí mismo.
Reguengos y Monsaraz,otra historia, otra geografía, otra humanidad.

No hay comentarios: