

Ayer paseando por El Fontán al pasar por las esculturas de las alfareras me dieron que pensar. Pensé en su significado. Y uno que aunque carbayón desde el 44 es también de raíces "campesinas"(vamos, de pueblu)vínome a la mente y al recuerdo tiempos de niñez. Y recordé cómo de "chavalín" mi madre me llevaba al Fontán y allí estaba lleno de mujeres como esa: vestidas con saya, mandil, faldas como se ven la escultura y con todo tipo de mercancías delante de ellas: manzanas de mingán, francesa, reineta parda, rayadas,etc.y verduras,huevos,hortalizas, tamates, pimientos, fabas, patatas, cebollinos... y según la época del año lo propio de la cosecha correspondiente. Se conocían todas y yo disfrutaba pues todas tenían hacia los "guajes" alguna consideración: una perrona, un real, una peseta o frutos secos o una manzana...algo siempre se caía. Pero las recuerdo de carne y hueso y algunas tengo presente sus nombres: Sagrario, Emilia, o la Riosana o Leoncia la del Valle(de Trubia)...Todas tenían una presteza y una alegría que contagiaba sobre todo cuando invitaban a la compra(!llévame una docena,fía¡/ anda por aquí, salada: !mira que rainetas tengo¡); y el regateo que se resolvía siempre de buen modo: ¡qué no te pesará!/¡va a pesáte!... Pero aquellas eras las otras Regentas. Llenas de energía y de viandas traían a la ciudad, a lo urbano, el color y el sabor de la aldea; de Grado, de Salas, de Proaza, Soto Ribera, Lugones, Siero o Colloto, San Esteban de las Cruces o Las Regueras, eran las embajadoras del campo en la ciudad y la Vetusta era por un día, el jueves de mercado, todos lo jueves, las otras Regentas: las de nuestras mesas de casa o incluso de los bares, restaurantes y mesones. ¡Qué opuestas a la Regenta de la Catedral! Su porte no era distinguido; no era burgués: tenía, sin embargo, la esbeltez del trabajo honrado, de la dignidad de la pelea por la vida, la alegría de la comunicación social y de la amistad que salía del trato comercial y luego de la amistad y el aprecio. Esto es lo que me evocó esta otra Regenta, negra por fuera pero dura, resistente, trabajadora y alegre. En esto además de regentas eran madres, madres de vida y ejemplos de laboriosidad. Un recuerdo para ellas.
Poco se novela la historia de esas personas que dieron vida al Fontán durante muchos años. Yo, como tu,Marcelino, que nacimos en ese entorno recordamos y valoramos mucho esa estatua que perpetua un tipo de vida ya extinguido. Es la nostalgia del pasado. O la joven vejez que se aproxima.
ResponderEliminarMuy bonita texto. Me ha gustado mucho este homenaje a esas mujeres que yo nunca conocí.
ResponderEliminarY no te acuerdas de la Chata, la de Pumarín. Era una paisana como esa, pero con un rostro menos agraciado, mejor, hacía honor a su nombre. Con su carretillo y siempre hablando a voces. Seguro que la tienes en mente. Era un símbolo como la fotógrafo del Campo, la Torera. Hoy, Oviedo, no tiene símbolos vivos. O La Pixarra. Eran Regentas de la Vetusta postclariniana(perdón, por el término).
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