jueves, 10 de febrero de 2011

RUBÉN DARÍO EN ASTURIAS


El pasado día 6 de este febrero se cumplieron 95 años del fallecimiento del gran poeta nicaragüense Rubén Darío. Para mi tiene unos recuerdos de juventud estudiantil alegres pues memorizé y recité estas dos poesías en unas jornadas de poesía en el instituto y creo que fueron mis primeras palabras en público(como bachiller y tal). Las poesías eran estas:


¡ALELUYA!

A Manuel Machado.

Rosas rosadas y blancas, ramas verdes,
corolas frescas, y frescos
ramos, ¡Alegría!

Nidos en los tibios árboles,
huevos en los tibios nidos,
dulzura, ¡Alegría!

El beso de esa muchacha
rubia, y el de esa morena,
y el de esa negra, ¡Alegría!

Y el vientre de esa pequeña
de quince años, y sus brazos
armoniosos, ¡Alegría!

Y el aliento de la selva virgen,
y el de las vírgenes hembras,
y las dulces rimas de la Aurora,
¡Alegría, Alegría, Alegría!



DE OTOÑO

Yo sé que hay quienes dicen: ¿Por qué no canta ahora
con aquella locura armoniosa de antaño?
Esos no ven la obra profunda de la hora,
la labor del minuto y el prodigio del año.

Yo, pobre árbol, produje, el amor de la brisa,
cuando empecé a crecer, un vago y dulce son.
Pasó ya el tiempo de la juvenil sonrisa:
¡dejad al huracán mover mi corazón!


Sabemos que el poeta nicaragüense pasó en Asturias tres veranos en la primera década del siglo XX, en San Esteban de Pravia, La Arena y Riberas de Pravia. Y aquí reproduzco una entrevista de Gracia Noriega que puede ser curiosa.


Un turista llamado Rubén Darío

El poeta nicaragüense pasó en Asturias tres veranos en la primera década del siglo XX, en San Esteban de Pravia, La Arena y Riberas de Pravia.

Entre los distintos personajes de diferente época y condición que visitaron Asturias, figura en lugar destacado el poeta Rubén Darío, no sólo por su enorme prestigio literario, sino por las páginas afectuosas que dedicó a nuestra tierra, y también, no las olvidemos, por las páginas ajenas provocadas por esta estancia asturiana; en primerísimo lugar las de Azorín. Pero es de justicia destacar el artículo “Rubén Darío y Asturias”, de Ramón García de Castro, escritor de bien cortada pluma, poeta pulcro, colaborador frecuente en la prensa e intelectual erudito y meticuloso, demasiado olvidado (e injustamente olvidado) después de su muerte, que fue publicado en “Papeles de Son Armadans” No. CXXXVII-VIII. Más recientemente, por iniciativa del abogado poeta Heradio González Cano, se recordó a Rubén Darío en los textos complementarios, fueron recogidos en el volumen misceláneo “Rubén Darío, siempre”.

Rubén Darío no vino a Asturias como viajero (es decir, a recorrerla de cabo a rabo, y a relatar sus impresiones sobre ella), sino a descansar. “Me he venido a un rincón pequeño, solitario, sin más camino que ásperas rocas, ni más automóviles que los cangrejos, ante el caprichoso Cantábrico”, escribe desde San Esteban de Pravia. Fue un turista que se dejó ganar por la belleza de la tierra, de las ciudades y de los viejos monumentos, y que, a diferencia de los turistas o veraneantes al uso, que no viajan para ver, sino para que los vean, según Nietzsche, reparó en mucho de lo que se le presentaba al paso, lo registró en su memoria y le dedicó páginas notables. Asturias, las cosas de Asturias, la Catedral, su paisaje, etcétera, ocupan un lugar en la obra de Darío, quien, en su retiro asturiano no sólo se dedicó a reponer fuerzas (demasiado afectadas por el exceso de cosmopolitismo), sino a escribir, que era lo suyo.

Todo el mundo conoce de nombre al gran poeta Rubén Darío. Pero es posible que muchos no sepan de él más que el nombre. Amablemente, el poeta acepta contestar a nuestras preguntas y a referirnos algunos pormenores de su biografía y recordar las impresiones que recibió durante su permanencia en nuestra tierra. Por ello iniciamos esta entrevista como ya es habitual en las que yo hago, preguntándole al entrevistado dónde nació.

-Nací en Metapa, antes Chocoyo, en el departamento de Matagalpa, la antigua Nueva Segovia, el 18 de enero de 1867. Mis padres eran Manual García y María Rosa Sarmiento, y mi nombre civil completo es Félix Rubén García Sarmiento.

-Luego, ¿Rubén Darío es un pseudónimo?

-No. Una de mis tatarabuelos se llamaba Darío y a todos sus descendientes los conocían en la ciudad de León por “los Daríos”. Mi propio padre utilizaba el apellido Darío para sus transacciones comerciales como regente de una tienda de tejidos. En cuanto al nombre de Félix proviene de mi padrino, el coronel Félix Rodríguez Madregil, que fue un segundo padre para mí. Entre mis padres se producían con frecuencia fuertes desavenencia matrimoniales, por lo que se separaron a los ocho meses de casados. Consecuencia de esto fue que mi madre se fuera a vivir a Metapa, donde residía su hermana Bernarda, la esposa del coronel, y que yo naciera allí. Más tarde, mi madre marchó a vivir a San Marcos de León, en Honduras, y quedó allá definitivamente; yo estuve en Honduras dos años, hasta que fue a recogerme el coronel Ramírez, y me llevó a su hogar en León.

-¿Y en León nace usted poeta?

- En efecto, mis primeros versos fueron escritos en las ramas de un jícaro que había en el patio de la casa de León, que se encontraba situada en la calle Real, en el lugar conocido como las Cuatro Esquinas, muy cerca de la plaza donde se encuentra la primera composición poética con el nombre de Rubén Darío aparece en “El Termómetro”, de la ciudad de Rivas, y es una elegía inspirada por la muerte de don Pedro Arguello, titulada “Una lagrima”. Aunque anteriormente había publicado otros versos con los anagramas de Bruno Erdía y Bernardo I:U:

- O sea, que estuvo experimentado con nombres antes de decidirse por el de Rubén Darío. ¿Por qué eligió ese?

Había reparado usted en que muy pocos eligen su nombre, sino que la mayoría lo recibe por azar. Félix Rubén Darío García Sarmiento es nombre demasiado mudo que la unión de Rubén, mi nombre de pila, con el nombre de mi tatarabuelo Darío utilizado ahora como patronímico, me sonó bien. Es un nombre exótico, entre bíblico y persa.

-En cualquier caso, el nombre le trajo suerte, porque le dio a conocer muy pronto.

- Ya lo creo. Con 14 años ya era conocido en toda Nicaragua. En 1882 inició mi “destino viajero”, aunque el viaje fue corto, a la vecina república de el Salvador. Pero este viaje me resultó muy provechoso porque gracias a la métrica de los poetas elásticos. Ambos conocimientos, a los que permanecí fiel durante toda mi vida, pese a mis innovaciones métricas, me resultaron sumamente útiles. Por la literatura francesa empecé a hacerme cosmopolita, pero el conocimiento de la literatura clásica española impidió que me convirtiera en un “snob”, como si fuera un argentino que se aboba en París.

Pero no entiendo del todo que usted, que tanto va a París y tanto le gusta estar allí, y que dedica “Los Cantos de Vida y Esperanza” a Nicaragua y a la República Argentina, y que escribe el brioso “Canto a la Argentina”, critique a los argentinos por su afición a París.

-Es que en algunos casos, lo de París, más que afición es vicio. ¿No se da usted cuenta de que muchas personas no van a Francia, sino a París? Yo tengo en París conocimientos literarios e infinidad de amigos. Pero la mayoría de los que van a París, ¿a qué van? A decir que estuvieron a las orillas del Sena y a dárselas de “snobs”.

- Todavía no hemos llegado a París, Darío. Estamos en El Salvador. ¿Qué hace después de este primer viaje?

- Retorno a Nicaragua en 1884 y en 1886 marcho a Chile, donde colaboro en “El Mercurio” de Valparaíso y en “La Época”, de Santiago. Este viaje tuvo para mí trascendental importancia, por que en Valparaíso y en 1888 público “Azul”, el libro que me abre las puertas de España y de Europa gracias a la generosa reseña de don Juan Valera. Para un joven poeta nicaragüense ser reconocido por un escritor del prestigio de Valera, fue la llave de oro de la fama.

¿Cuándo viaja a España por primera vez?

-En 1982, como secretario de la delegación nicaragüense en las fiestas del IV Centenario del Descubrimiento de América; años más tarde fui el primer ministro plenipotenciario de Nicaragua en España, presentando las cartas credenciales a S. M. Alfonso XIII el 2 de junio de 1908.

-¿Cuando vino a Asturias?

- En Asturias estuve tres veranos en 1905, 1908 (poco después de haber presentado mis credenciales al rey) y 1909, siempre en los alrededores del gran río Nalón. Mis localidades asturianas fueron San Esteban de Pravia. La Arena y Riberas de Pravia.

-¿Cómo vino a dar a Asturias?

-Porque el veraneo en el Norte, en la costa del Cantábrico, gozaba de gran prestigio entre los intelectuales de Madrid, gracias, en parte a que la Institución Libre de Enseñanza llevaba a veranear a su colonia escolar a San Vicente de la Barquera. De la desembocadura del Nalón y de esa maravilla que es el poblado de pescadores de La Arena me habló con entusiasmo Ramón Pérez de Ayala, el cual, cuando ya me encontraba yo en Asturias, me visitó en mi retiro, en compañía de Azorín.

-¿Qué impresión le causó esa zona de Asturias la primera vez que la vio?

- Fabulosa, inenarrable. La ría me pareció más bien un lago y me impresionó el viejo castillo en ruinas que se ve desde ella. Ma dije: “Rubén, de aquí sales hecho un Walter Scott”.

-Lo mismo se le ocurrió a Zorrilla cuando vino a Asturias. También pensó en Walter Scott.

-¿Ve usted? Se conoce que los poetas vemos de modo parecido.

- Sin embargo, no todo le pareció maravilloso.

-¡Claro que me pareció maravilloso todo! De mi casa se veía a las lanchas de los pescadores luchando contra las olas enormes y se escuchaban los gritos y los rezos angustiados de las mujeres. Yo escribí: “Yo no puedo mirar eso”. Que me impresionaría la galerna no significa que no admire su grandeza.

-¿Y qué le pareció Oviedo?

-Gran ciudad. La Catedral me impresionó tanto como la galerna.

-Qué me dice de los asturianos?

- Tengo especial estima hacia Pérez de Ayala y hacia Manuel Fernández Juncos, a quien conocí allá en América Latina.


Entrevistó : José Ignacio Gracia Noriega,magnífico periodista de Oviedo.

1 comentario:

Pedro José Madrigal Reyes dijo...

Gracias amigo mío, la verdad es que siempre me encuentro algo interesante en tu espacio… un saludo…